INSTITUTO DE ESTUDIOS INDÍGENAS
UNIVERSIDAD DE LA FRONTERA
Serie Documentos
Nº 1.
PUEBLOS INDÍGENAS DE CHILE:
ANTECEDENTES HISTÓRICOS Y SITUACIÓN ACTUAL
JOSÉ AYLWIN
Nota: El autor es abogado, Director del Instituto de Estudios
Indígenas.
I. INTRODUCCIÓN.
Desde hace miles de años que el territorio actual de Chile, al igual
que el de la mayor parte de América, ha estado habitado por diversas
agrupaciones humanas que vivían fundamentalmente de la caza y la
recolección.(1)
En una tierra vasta y diversa, dichas agrupaciones evolucionaron y se
relacionaron entre sí, desarrollando diferentes culturas y formas de
vida, dependiendo para su subsistencia de los abundantes recursos naturales,
animales y vegetales aquí existentes.
A la llegada de los españoles, pueblos diferenciados, con lenguas,
religiones, formas de subsistencia y organización social propias, y con
una población superior al millón de personas, residían
desde el extremo norte hasta Tierra del Fuego.(2)
Así por ejemplo, algunos pueblos, como los aymara y los
atacameños en el norte vivían de la agricultura (cultivo de papa
y quínoa) y la ganadería de auquenidos (llamas y alpacas). Otros,
como los changos en la costa norte, los rapa nui en Isla de Pascua, los chonos,
los kawéskar o alacalufes y los yámana o yaganes en los canales
australes, vivían fundamentalmente de la pesca y la recolección
de moluscos. Finalmente los mapuche, que habitaban entre el Choapa por el norte
y las islas de Chiloé por el sur, los aónikenk o tehuelches de la
Patagonia y los sélknam de la isla de Tierra del Fuego, vivían
del producto de la caza y la recolección.(3)
Sus formas de organización social también diferían unas
de otra. Así por ejemplo, los aymara se organizaban en ayllus que eran
unidades territoriales formadas en base al parentezco, los que a su vez
podían agruparse en confederaciones de ayllus o
"señoríos".(4)
Los rapa nui, que habrían estado divididos en diversos grupos a tribus
hasta el siglo XVI o XVII, tenían un sistema jerarquico de jefes a
"ariki" y "cortes reales" que habría persistido hasta fines del siglo
pasado.(5)
Para los mapuche, en tanto, la familia -compleja y extendida- bajo el
liderazgo del cacique (lonco, ulmen), habría sido, en tiempos de paz, la
organización fundamental. Bajo la dirección de este cacique, a
quien se recurría para resolver conflictos, la familia compartía
un territorio, habitaba en una o más viviendas (rucas), y procuraba la
alimentación sus integrantes.(6)
II. EFECTOS DE LA CONQUISTA ESPAÑOLA.
La llegada del conquistador español introdujo grandes alteraciones en
la vida de estos pueblos. Las ideas que orientaron al conquistador europeo en
su aventura americana, llevaron a estos a imponer a los indígenas sus
leyes y creencias y a apoderarse de sus tierras y riquezas, afectando
gravemente la integridad y subsistencia de estos pueblos.
La conquista de Chile no fue una excepción en este sentido. El control
del territorio hasta entonces habitado por los indígenas y el
sometimiento de estos últimos se intentó materializar a
través de la fundación de ciudades fortificadas a lo largo del
país, de la distribución de las tierras de los indígenas a
soldados españoles en pago de servicios y de la repartición de
los indígenas a estos últimos a través del sistema de
encomienda.(7)
Los intentos de control territorial de los españoles se enfrentaron al
espíritu libertario y guerrero de los mapuche, los que en la
región de la Araucanía resistieron durante casi tres siglos la
dominación española. La resistencia de los indígenas,
quienes expulsaron al conquistador de sus territorios, destruyendo sus ciudades
y fuertes, llevaron a los españoles a negociar con ellos las bases de
una convivencia pacifica a través de una serie de pactos o parlamentos,
el más conocido de los cuales fue el de Quilín celebrado en
1641.
En dicho pacto se estableció el río Bío Bío como
frantera entre ambos pueblos, reconociéndose además la
independencia del territorio mapuche. En el, los mapuche se comprometieron a
respetar la frontera establecida, a dejar a los misioneros predicar en su
territorio y devolver a los prisioneros.(8)
El contacto de los indígenas con los españoles, sin embargo,
además de introducir importantes cambios en la cultura indígena
existente hasta entonces, incidió en una fuerte disminución de la
población indígena. Es así como además de las
muertes causadas por la guerra, las enfermedades traídas por los
españoles (tifus, viruela y sífilis entre otras) habrían
causado, sólo en los primeros cincuenta años de contacto, la
muerte de dos tercios de la población
indígena.(9)
Por otro lado, la imposición del sistema de encomiendas a los
indígenas que habitaban el valle central del país (los picunche)
y su radicación en los que fueron llamados "pueblos de indios",
significó en el trascurso de dos siglos, su virtual desaparición
producto de su fusión con población española, dando origen
a una nueva población de origen mestizo y
criolla.(10)
III. EL ESTADO CHILENO Y LOS PUEBLOS INDÍGENAS.
El advenimiento de la República no introdujo cambios sustanciales en la
situación de los indígenas. A pesar del reconocimiento, en virtud
de Bando Supremo dictado por Bernardo O'Higgins en 1819, de la libertad de los
indígenas y de su igualdad con el resto de la población chilena,
los mapuche siguieron viviendo por largo tiempo en sus territorios al sur del
Bío Bío, manteniendo su autonomía territorial, sus
autoridades y formas de vida propias.
Años más tarde, en 1866, la intención del Estado chileno
de ocupar la Araucanía a fin de incorporarla al desarrollo
agrícola del país, llevó a la dictación de una
legislación en que declaró las tierras indígenas al sur
del Bío Bío como "fiscales", facultando a las autoridades a
rematarlas a particulares para su colonización, y creando una
Comisión Radicadora de Indígenas que ubicaría a estos en
terrenos de su pertenencia.
La ocupación militar de la Araucanía por el ejército
chileno en 1881, y el sometimiento definitivo de los mapuche a las autoridades
y leyes nacionales, junto con facilitar el camino para la colonización
de sus territorios, vino a poner en marcha el proceso de radicación de
este pueblo en comunidades a reducciones a través del otorgamiento de
los denominados "títulos de merced".
En virtud de estos títulos -alrededor de tres mil- se radicó a
los mapuche en 510 mil hectáreas (el 6,39 por ciento de su territorio
ancestral), generalmente las de peor calidad. El resto de las tierras, las
más ricas, fueron entregadas a colonos nacionales y extranjeros, a
título gratuito en el caso de estos
últimos.(11)
Paralelamente en el tiempo, el Estado chileno anexaba a su territorio las
altiplanicies andinas en que habitaban los aymara (1883), y tomaba
posesión de la Isla de Pascua en que vivían los rapa nui (1888).
En este mismo período además las autoridades otorgan en
concesión a particulares nacionales y extranjeros grandes extensiones de
tierra en la patagonia chilena y la isla de Tierra del Fuego en que habitaban
los aónikenk y los sélknam respectivamente, sin reservar para
éstos tierra alguna que posibilitara su subsistencia física y
cultural.
Desde entones y hasta hace pocos años atrás, la política
y legislación aplicada a los indígenas por el Estado, salvo
contadas excepciones, ha procurado asimilar a estos pueblos a la sociedad
chilena, así como integrar sus tierras y recursos al proceso de
desarrollo nacional, demostrando a través de ellas muy poco respeto por
sus culturas e identidades propias.
Esta política tuvo su máxima expresión bajo el gobierno
militar entre 1973 y 1989, período en el cual junto con aplicarse una
fuerte represión a las organizaciones indígenas -fundamentalmente
mapuche- y a sus dirigentes, se dictó una legislación que
constituyó una clara amenaza para la subsistencia de los
indígenas, sus tierras y culturas.(12)
IV. SITUACIÓN ACTUAL DE LOS PUEBLOS INDÍGENAS.
Luego de siglos de presencia europea en el territorio chileno, varios de estos
pueblos, tales como los aónikenk y los sélknam, en el extremo
austral del país, sucumbieron frente a la usurpación de sus
territorios ancestrales, la violencia y los esfuerzos de asimilación
aplicados a ellos por la autoridad colonial y/o
estatal.(13)
Otros han logrado sobrevivir a estas políticas hasta nuestros
días. Entre estas destacamos los siguientes:
El pueblo mapuche.
Es el pueblo indígena cuantitativamente más importante que
habita el país. Su población mayor de catorce años fue
estimada en el Censo de Población de 1992 en 928 mil personas, la mitad
de las cuales habita entre el río Bío Bío y la Isla de
Chiloé, en la zona sur del país, en tanto que la otra mitad lo
hace en Santiago y otras ciudades en otras regiones de
Chile.(14)
Luego de la radicación de este pueblo en reducciones a fines del siglo
pasado y hasta nuestros días, la legislación aprobada por el
Estado, salvo excepciones, ha procurado poner término a dichas
comunidades permitiendo su división y su posterior enajenación a
particulares no indígenas.
A contar de 1979, y en virtud de la legislación dictada ese año
por el gobierno militar (Decretos Leyes 2568 y 2750), este proceso es
acelerado, lográndose en tan solo una década la disolución
de la casi totalidad de las comunidades restantes y entregándose a los
indígenas títulos de dominio individuales sobre las tierras
divididas.
Las organizaciones mapuche criticaron duramente esta legislación por
cuanto a través de ella se vino a romper el vínculo
histórico que los mapuche tienen con su tierra (mapuche = gente de la
tierra) al establecerse un sistema de tenencia individual de la misma contrario
a sus tradiciones, al asignárseles hijuelas de tamaño
insuficiente para procurar la subsistencia familiar (5,36 hcts. promedio cada
una) y al permitir su enajenación al cabo de 20 años de su
adjudicación.
Por otra parte, en virtud de esta legislación, muchas de las tierras
más ricas de los mapuche fueron adquiridas mediante arriendo -hasta por
noventa y nueve años- por particulares no indígenas en los
últimos años, aumentando la migración mapuche a la
ciudad.
Dicha legislación, unida a la inexistencia de políticas de apoyo
a los mapuche por parte del Estado, han incidido en el aumento de la pobreza en
sus comunidades en los últimos años. Es así como un
estudio realizado en 1988 demuestra que en dichas comunidades la tasa de
mortalidad infantil era más del doble que la del total del país,
alcanzando a 45 muertes por cada mil niños nacidos vivos; la esperanza
de vida al nacer al mismo año era de 63 años, la que corresponde
a la del resto del país en 1970; la tasa de analfabetismo alcanza al 16
por ciento, superado en más del doble a la del resto del país.(15)
El pueblo aymara
La población aymara chilena actual es estimada en 48 mil personas.(16) De ésta población, las dos
terceras partes habrían migrado desde su lugar de origen, las
altiplanicies ubicadas en el sector fronterizo con Bolivia y Perú, hacia
las ciudades y pueblos del desierto (Calama y Pozo Almonte) o los puertos
costeros, más próximos (Arica e Iquique principalmente). El
tercio restante mantiene su carácter rural, campesino comunero o
minifundista. La mitad de este último sector sigue habitando en la
región altiplánica fronteriza y se ocupa principalmente de la
ganadería de camélidos, en tanto que el resto se distribuye en
pequeños valles y quebradas precordilleranas ubicados bajo los 3.500
metros, dedicándose al cultivo agrícola dependiente del riego.(17)
Cabe señalar que hasta la fecha los aymara han mantenido una
economía basada en la ocupación y el comercio entre los
diferentes "pisos ecológicos" existentes en la zona, fundamentalmente,
la costa, los valles intermedios y el altiplano. El activo intercambio
existente entre estos "pisos" ha posibilitado la mantención de la
cultura aymara en los diversos espacios territoriales que éstos
habitan.
Con posterioridad a la incorporación de sus territorios ancestrales a
Chile, los aymara han sido prácticamente ignorados por las autoridades,
las que nunca han legislado en su favor y sólo han implementado respecto
a ellos políticas destinadas a lograr su asimilación a la
sociedad nacional mediante la aplicación de sus instituciones,
principalmente la escuela y el servicio militar obligatorio.
En efecto, a diferencia del caso de los mapuche, la propiedad de sus tierras
nunca les fue reconocida a los aymara, siendo consideradas por el Estado como
fiscales mientras éstas carecieran de otro dueño conforme al
derecho chileno. La falta de reconocimiento y protección legal de las
comunidades aymara ha generado en los últimos años numerosos
conflictos, tanto en su interior, como entre ellas, debido al aceleramiento del
proceso de inscripción por parte de particulares (comuneros o no) de
títulos individuales de propiedad sobre las tierras comunales. Este
hecho constituye una evidente amenaza a la subsistencia del pueblo aymara.
El régimen militar intensificó a contar de mediados de la
década del setenta las políticas asimilacionistas en la
región aymara mediante el establecimiento de "escuelas fronterizas",
entidades cuyo objetivo central era la "chilenización" de la
población aymara, y mediante la constitución de Juntas de Vecinos
y de Centros de Madres como mecanismos de control de la población
indígena.
El problema más grave que hoy afecta a las comunidades aymara del
altiplano es la privatización y pérdida de sus aguas ancestrales
en virtud del Código de Aguas (DFL Nº 1.222) dictado por el
régimen militar en 1981.
La aplicación de este Código en la zona durante la última
década, ha permitido el desarrollo de un proceso de apropiación
de las aguas ancestrales de los aymara por parte de compañías
mineras, privando a sus comunidades de este vital elemento para el desarrollo
de sus actividades agrícolas, provocando el desecamiento de los
bofedales y acentuando la migración de sus habitantes.
El pueblo rapa nui
Con una población de alrededor de 20.000 personas, este pueblo habita
fundamentalmente en la Isla de Pascua o Rapa Nui, ubicada en el Océano
Pacífico a 3.800 kilómetros al oeste de la costa continental.(18)
Luego del acuerdo de voluntades suscrito entre los jefes rapa nui y el
capitán Policarpo Toro en representación del gobierno chileno en
1888 en virtud del cual la soberanía de la isla fue entregada a Chile,
la isla fue administrada por décadas (1895 a 1953) por la
"Compañía Explotadora de Isla de Pascua" controlada por
extranjeros, empresa que la convirtiera en una hacienda, relegando a los
isleños a vivir en una ínfima parte de sus tierras (Hanga Roa) y
sometiéndolos a un régimen de semi esclavitud.
En 1933 las tierras de Pascua fueron inscritas en Valparaíso por el
Estado chileno a nombre del Fisco argumentando que éstas, de acuerdo al
derecho vigente, "carecían de otro dueño".
Sólo en 1966 el pueblo rapa nui adquiere derechos ciudadanos al
permitirsele, en virtud de una ley especial (ley Nº 16411), votar para la
elección de autoridades tanto locales como nacionales.
A contar de 1973, las autoridades de la isla (inicialmente el Alcalde
Municipal y a contar de 1975 el Gobernador Provincial) pasan a ser designadas
por el gobierno. La ausencia de mecanismos de participación de la
comunidad rapa nui incide indirectamente en el fortalecimiento de la
organización ancestral de este pueblo, el Consejo de Ancianos de Rapa
Nui, entidad cuya existencia fue desconocida por el gobierno militar.
Este Consejo, que inicialmente agrupara a las 36 familias rapa nui
subsistentes a la fecha, denunció los atropellos cometidos por el
gobierno militar en contra de su pueblo, en particular, el intento del
régimen de desconocer la propiedad de los isleños sobre sus
tierras ancestrales en virtud de la dictación en 1979 del Decreto Ley No
2885 (conforme a este decreto los rapa nui podían solicitar al
Presidente de la República el otorgamiento de títulos de dominio
individuales sobre las tierras que entonces ocupaban, sólo el 7.5 por
ciento del total de la isla, legitimando de este modo el dominio fiscal sobre
las tierras restantes), el acuerdo suscrito en 1985 sin consulta a la comunidad
local por el gobierno de Chile con el gobierno de Estados Unidos a objeto de
permitir a este último la construcción en la isla una pista de
aterrizaje de emergencia para transbordadores espaciales, y la
prohibición del uso de la lengua rapa nui en actos públicos
decretada por las autoridades de la isla.
El Consejo de Ancianos de Rapa Nui ha venido planteando durante los
últimos años como demanda central la restitución por el
Fisco de las tierras de la isla al pueblo pascuense, su legítimo
dueño.(19)
Otros pueblos y comunidades indígenas subsistantes.
Además de los antes mencionados, subsisten hasta nuestros días
varios otros pueblos y comunidades indígenas de población
más reducida.
Entre estos cabe señalar al pueblo cunsa o atacameño, compuesto
por una población aproximada de tres mil personas, y que habita en una
serie de pueblos ubicados en las comunas de San Pedro de Atacama y Calama en la
II Región del país, y la comunidad coya, con una población
que no alcanza a las cien personas y que habita en la zona precordillerana de
la III Región, en el norte del
país.(20)
Ambos grupos viven hasta la fecha del desarrollo de una economía
agrícola, ganadera y textil de pequeña escala, similar a la de
los aymara y característica de las culturas andinas.
A estos se deben agregar las comunidades yámana y kawéskar que
habitan en el extremo austral del país cuya población en conjunto
no alcanza las dos centenas.
Los descendientes de los yámana serían hoy alrededor de setenta
personas, los que viven de la pesca y trabajo de artesanía en la
localidad de Ukika, en la Isla de Navarino. Los descendientes de los
kawéskar, en tanto, sumarían en total cien personas, doce de los
cuales viven en Puerto Edén, sesenta en Punta Arenas, y los restantes en
Puerto Natales y alrededores, dedicados a actividades similares a las
desarrolladas por los yámana.(21)